Así es como conseguí mi Carina flexi de Vicma
No sé si recordarás está muñeca de los ochenta. Carina. La hicieron de diferentes modelos aunque con un mismo cuerpo, uno de goma que llevaba un esqueleto de alambre gracias al cual podías doblar los brazos y las piernas.
Ahora me parece fea pa' reventar y me pregunto cómo pudo gustarme tanto una muñeca como esa... pero cierto es, que me gustaba. Recuerdo haber jugado mucho la que tuve. Tanto que fue perdiendo el poco maquillaje que traía más allá de esos grandotes ojos negros y unas braguitas blancas a juego con los calcetines que hacían contraste con los zapatos negros. Bueno, pensándolo bien si que traían bastante maquillaje puesto, porque todo en ella era pintado.
Igual por eso era una muñeca todoterreno, no se le podía cambiar la ropa interior, ni los zapatos, pero tampoco se quedaba en cueros, ni los perdía.
Recuerdo que yo no tenía muñeca Skipper, así que mi Carina hacía de hermana pequeña de Barbie. Ahora al pensarlo me río, pero literal, porque debía de ser la hermana fea, pero fea de verdad. Porque claro... pones a una al lado de la otra y los genes no tienen por donde relacionarse.
Aún así, Carina me dió muchas horas de diversión. Porque como te decía, era una todo terreno. Podías llevarla dónde fueras y cómo fueses. En un bolsillo, con otras cosas en un bolso, cuando la sacabas le sacudias el poco pelo que traía y ya estaba lista para jugar.
Quien la tenía en venta anunció varias, con modelos diferentes. Para no variar en cuanto la vi quise una. Pero opté también, como de costumbre, en esperar a ver si bajaban algo de precio.
Ocurrió. Sin embargo a mí aún me resultaban un poco elevado sus precios. Total, eran muñecas vintage, pero no me resultaban tan cotizadas como una Nancy. Después me di cuenta que aunque no eran tan cotizadas, si que se venden bien en el mercado de juguetes de segunda mano. Ya que posiblemente fuimos muchas niñas las que jugamos durante horas con ellas.
Cuando bajaron varias veces de precio, me preocupó perder la oportunidad de tener una en su caja original. Más que nada por pensar un poco de cara al futuro y por si me diera por vender ya que de ese modo tienen más valor. Pero como en el fondo, lo único que me importa realmente, es la satisfacción de tener una parte material de aquello que perdí por el camino. Lo que hice fue esperar hasta que el precio me pareció aceptable. Fue entonces que además, tuve la suerte de elegir una igual a la que tuve de pequeña: una comunianta.
La misma que ahora descansa en un cajón con otras muñecas. Bien embalada, esperando que lleguen mejores tiempo para poder ser expuesta en una vitrina o estantería.






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